Cada vez más los proyectos residenciales en Bogotá están incorporando áreas comunes con un enfoque ecológico y de comunidad, que van más allá de la piscina o el gimnasio. Estas zonas verdes o huertas urbanas son un elemento diferenciador que aporta valor al inmueble, mejora la experiencia de los residentes y conecta al proyecto con prácticas de sostenibilidad urbana. Por ejemplo, iniciativas en la ciudad han generado más de 17.000 huertas fortalecidas y han capacitado a más de 23.000 personas en agricultura urbana y compostaje.
Para un propietario que considera invertir o entregar un inmueble en copropiedad, pensar en una huerta urbana comunitaria, bancas de compostaje, terrazas verdes o jardines compartidos ofrece varias ventajas. En primer lugar, se da un sentido de comunidad al edificio: los residentes se vinculan con un propósito común (cultivar, convivir, reciclar) más allá de solo vivir en un conjunto. Esto potencia la percepción de que el lugar es más que un alojamiento: es un estilo de vida. En segundo lugar, cuando el proyecto comunica que incluye espacios de convivencia verde, las personas lo valoran más: saben que estarán en un entorno más amable, con aire más limpio, posibilidad de actividades al aire libre, y posiblemente menores costos operativos si se aprovechan sistemas de compostaje o huertas que contribuyen a la gestión de residuos.
En Bogotá ya existen múltiples ejemplos que muestran que la infraestructura para huertas comunitarias y agricultura urbana se puede montar incluso en zonas densas o en terrazas de edificios. Un colectivo llamado “Terrazas Verdes” ha creado huertas en terrazas de juntas de acción comunal, con más de 40 huertas comunitarias creadas en diversas localidades de la ciudad.
Este tipo de iniciativas demuestran que no se necesita gran espacio tierra horizontal, sino creatividad, buen diseño y participación de los residentes. Además, la autoridad local apoya estos proyectos: por ejemplo, la localidad de Chapinero promovió talleres de compostaje y entrega de kits de huerta urbana para ciudadanos.
Desde el punto de vista técnico y operativo, a un propietario o administrador le conviene tener claro cómo se gestionarán estos espacios comunes ecológicos: quién mantiene la huerta, cómo se disponen los residuos para el compostaje, cómo se seleccionan las especies de plantas, y cómo se comunica este valor al conjunto.
En definitiva, para un propietario en Bogotá, alinear el diseño del conjunto con un “mundo verde” huertas urbanas, compostaje, espacios de convivencia saludable, no solo responde a tendencias de mercado (hogares que valoran la sostenibilidad) sino también puede traducirse en una ventaja competitiva: un producto inmobiliario mejor posicionado, con mayor diferenciación y que apela a compradores o arrendatarios con sensibilidad ambiental y deseo de comunidad.
Redacción: Actualidad Inmobiliaria